martes, 17 de mayo de 2016

La Casa Histórica de la Independencia fue la sede del Congreso General que declaró la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica el 9 de julio de 1816. Es el símbolo de la Independencia Nacional y por esta razón fue declarada Monumento Nacional.
La casa sufrió diversas intervenciones y fue demolida en 1904 para conservar sólo el Salón de la Jura, protegido por un pabellón de estilo francés llamado Templete; era el auge del periodo liberal y del espíritu positivista. Unos cuarenta años después cambia la mirada de la sociedad sobre el presente y el pasado: un nacionalismo católico e hispanista se expresó en políticas de preservación del patrimonio cultural e impulsó la reconstrucción de la Casa para albergar el Museo de la Independencia. Ésta se inaugura el 24 de septiembre de 1943.
La Casa sólo contaba con algunos retratos de los Congresales de 1816, la Mesa de la Jura y el Sillón de la Presidencia del Congreso. Donaciones del Estado y de particulares van a dotarla de un variado patrimonio integrado por mobiliario, cuadros (de temática religiosa y retratos), vajilla, armas y diversas piezas que abarcan cronológicamente los siglos XVIII y XIX. Para la sociedad tucumana, la Casa fue el destino de objetos de valor histórico, sobre todo del periodo pos-revolucionario.

El Edificio – Historia de la Casa de la Independencia

El Congreso General Constituyente reunido en Tucumán en 1816 sesionó en la vivienda de una importante familia local. Pertenecía a Francisca Bazán, casada con el comerciante español Miguel Laguna y se construyó en la década de 1760. Era una típica casa colonial; compuesta por tres “pabellones” paralelos a la calle, entre los que se encontraban dos patios -cerrados lateralmente por habitaciones y galerías- y al fondo la huerta. El frente estaba presidido por el portal barroco con sus columnas torsas o salomónicas.
El primer patio era el principal y lo rodeaban las habitaciones de la familia, la sala y el comedor; el segundo patio estaba rodeado por galerías y cerrado hacia el fondo por el pabellón de la servidumbre que lo separaba de la huerta, con árboles frutales y el pozo de agua. Estaba construida con muros de tierra apisonada –tapial- y adobes; sólo el portal –que abarcaba el zaguán de la entrada y dos porterías- había sido construido con ladrillos. Estos muros estaban revocados con barro y cal. Los techos eran de tejas sobre un entramado de caña hueca y tierra; la estructura era de cabriadas de madera y las galerías tenían columnas de madera. Este tipo de construcciones requerían un continuo trabajo de mantenimiento para que las intensas lluvias no provocaran su deterioro, lo que explica la decadencia de la casa con el correr de los años.
Luego de la Batalla de Tucumán -1812-, el ejército estuvo acuartelado en la ciudad y sus alrededores en dos oportunidades y la casa fue utilizada como cuartel;  por lo que la familia ya no vivía en ella. En 1815 el Estado la alquiló para instalar la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra y tuvo que realizar costosas obras para repararla, compensando de esta manera a los propietarios por los deterioros causados con su uso anterior.
En 1816, a falta de edificios públicos adecuados, se decidió que el Congreso Constituyente sesionara en la casa de los Laguna Bazán. Para ello el gobierno realizó nuevas reformas: se amplió el salón destinado a las sesiones –demoliendo el tabique que separaba el comedor de la sala contigua-, se repararon los techos del salón ampliado y se construyeron letrinas. Los muros se pintaron de blanco y las puertas y ventanas de color azul para que la casa tuviera los colores de la patria. El gobierno mandó fabricar las mesas, sillas, candelabros y todo lo necesario para el funcionamiento del Congreso.

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